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Progresar, pero no progresar para uno solo

Nos enseñaron a pensar el progreso como una carrera individual. A “salir adelante” aunque sea pasando por arriba de otros. A medir el éxito en términos de consumo, cargos, likes o poder acumulado. Pero hay una verdad incómoda que el sistema intenta ocultar: no todo progreso es justo, ni todo ascenso es digno.
Progresar de verdad no puede ser hacerlo solo, dejando atrás a quienes caminaron con vos, a quienes sostuvieron la lucha cuando no había cámaras, ni aplausos, ni promesas de nada. Progresar no es subir una escalera pateando los escalones de abajo.

La historia del movimiento obrero, del sindicalismo y de las organizaciones sociales y populares lo demuestra una y otra vez: ningún derecho se conquistó en soledad. Cada avance fue colectivo, resultado de la organización, de una pelea común, de un “nosotros” más fuerte que cualquier “yo”. Progresar no es escapar ni despegarse, es levantar. Es que quien estaba atrás también avance. Es que la trabajadora tenga derechos, que el trabajador tenga voz, que la organización crezca sin perder identidad. Progresar es formar, cuidar y sostener. Es compartir herramientas, información y poder. No usar la lucha como trampolín personal ni a la gente como escalera, porque cuando alguien progresa solo, el resto queda más expuesto, más vulnerable y más solo frente al poder real.
El verdadero progreso incomoda. El progreso colectivo molesta a las patronales, a los burócratas y a quienes se acomodaron al sistema y aprendieron a sobrevivir sin transformar nada. Por eso intentan vender el éxito individual como meta máxima. Por eso ridiculizan la organización, la militancia y la solidaridad. Por eso llaman “ingenuos” a quienes siguen creyendo que nadie se salva solo.

¡El progreso individual sin comunidad es una trampa! Cuando el progreso es solo personal, deja de ser progreso y se convierte en privilegio, cuando alguien “llega” olvidándose de su clase, de su barrio, de sus compañeros y compañeras, no avanzó: se desconectó.

Desde este espacio elegimos otro camino. Creemos en un progreso que no deja heridos en el camino, que no se construye desde el miedo ni desde el silencio y que no se negocia a costa de derechos ajenos. Progresar, sí. Pero no progresar para uno solo. Progresar con otros o no progresar, porque cuando el avance no es colectivo no es justicia: es desigualdad maquillada de mérito.

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