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Florida 520, C1005AAL, C1005AAL Cdad. Autónoma de Buenos Aires
Horarios de atención:
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Sábados: 10AM - 5PM
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Relatos y experiencias sobre la violencia de género en el trabajo…
Todavía recuerdo mi respiración agitada, los pies pesados, y esa
transpiración fría al subir uno a uno los escalones que me llevaban a la
primer audiencia donde volvería a ver a Raúl Sedeño y a los Apoderados de
la empresa Cencosud, recuerdo el primer cruce de miradas, donde por unos
minutos no escuche nada más que mi corazón, recuerdo el odio que me
atravesaba, recuerdo el sonido de la voz de mi abogado y su mirada,
recuerdo no entender que me decía, pero sabía muy dentro mío que ese era
el lugar y el momento adecuado, sabía que no solo me defendía, sino que se
defendía el derecho de todas nosotras a trabajar en un lugar libre de
violencia, sentía que no era solo mi derecho, era el de todas, era el derecho
de ella, quien había sido el motor de todo esto…
No conocía ni sabía cómo eran los movimientos en una audiencia pero
recuerdo conocer a su señoría, y escucharla decirme “No quiero que mi
juzgado sea una interna sindical”, había dos explicaciones para este
planteo y lo entendía, el primero es haberme criado en una toma, muchos
tienen una infancia normal , pero la mía no había tenido esa oportunidad,
soy hija de un dirigente sindical, pero no cualquier dirigente sindical, mi
padre tuvo tomado el hogar obrero durante 10 años, fue la mayor toma del
sindicato de empleados de comercio a nivel nacional, en la peor época del
país mi padre le daba de comer a 135 familias, y ese era mi castigo. ¿Acaso
perdía mis derechos como trabajadora por ser hija de un hombre que había
defendido a sus compañeros? La otra razón y no menos merecedora de tan
cruel frase, era mi actividad sindical, desde pequeña tome decisiones que
marcaron mi rumbo, festeje mis 15 en la carpa docente, asistía y daba
clases de formación sindical, me crie en una toma, no sabía ni se hacer otra
cosa que defender trabajadores, todo esto le generaba a su señoría, una gran
intriga, el Sr. Sedeño había entrado llorando a la audiencia y yo estaba
tiesa, firme, tratando de defender el ultimo derecho de mi hija, y tratar así
de calmar mi alma que ya no encontraba paz, que ya había pasado por mil
dolores, y muy dentro mío estaba feliz de poder tomar algo de revancha. Se
espera de nosotras las victimas vernos débiles, frágiles, dolientes, pero ahí
estaba yo tratando de no darle el gusto al opresor de haberme quitado la
sonrisa.
Solo levante la mirada, y respondí: “No sabía que las internas sindicales
se resolvían violando trabajadoras y mucho menos que yo perdía mis
derechos como tal por ser hija de un trabajador, si me lo hubieran dicho
le puedo asegurar doctora que no hubiera elegido esta vida”, su señoría
asintió con la cabeza y volvió a entrar su despacho.
Ir a juicio no era una opción dentro mío, se me había aislado, perseguido,
maltrado, golpeado, tratado de mentirosa, falsa, no podía no ir a juicio yo
no mentía, sabía que todo lo que había pasado era verdad y debía
demostrarlo.
En el juicio vi como una mujer me miraba, me observaba, comía cada uno
de mis movimientos, estaba hambrienta de saber quién era yo, esa mujer
era la apoderada de Cencosud, en su mirada se veía que no entendía como
podía llevar a juicio a la empresa más grande a nivel mundial, su mirada
buscaba una explicación, como una trabajadora de jornada reducida,
morocha, pobre tenía la desfachatez de defenderse, como sobrevivió a todo
lo que le hicimos, pero de todos estos interrogantes había uno que no podía
resolver ¿Cómo rechaza la fortuna que le estamos ofreciendo? ¿Cómo se
atreve a decirnos NO? ¿Con que derecho?
Desde el primer telegrama, donde notificaba a la empresa que el Sr. Sedeño
me acosaba, las cosas empeoraron, el maltrato fue mucho más desgarrador,
más profundo, me daba miedo entrar a la empresa, lo único que pensaba era
en terminar mi jornada laboral ¿pero porque yo debía abandonar mi puesto
de trabajo? Mi padre me había enseñado que debía defenderme, y que
cuando alguien me gritara debía gritar más fuerte, y ahí estaba yo en la
entrada del juzgado N° 54 gritando más fuerte que nunca!!!
Se me plantean dos interrogantes que incluso me atrevo a decir que me
causan temor, como después de relatarles las siguientes historias, puede
una mujer elegir el ejercicio gremial, como trasmitir que lo mejor que nos
puede pasar es defender a un trabajador…
Creo que lo único que he soñado en mi vida es ser delegada gremial,
pertenecer a la clase trabajadora, es sin ninguna duda lo mejor que me ha
pasado en la vida. El sindicalismo es el mayor acto de amor que puede
tener una persona, y también es el acto más cruel de los perversos, aquellos
que llamaremos burocracia sindical, muchos se enojan al escuchar este
término desconociendo de esta manera la violencia que vivimos a diario los
trabajadores, y la única manera de poder cambiar los hechos es reconocer
nuestra historia.
Esta historia, mi historia no es otra que la que vivimos a diario las
trabajadoras, espero con ansias llegar a lo profundo de su ser, considero
que la única manera de poder cambiar la realidad es conociendo y
afrontando nuestros errores como dirigentes, es hora de hablar de la
responsabilidad social gremial, es hora de hacernos cargo de nuestros actos,
será entonces cuando realmente le pidamos perdón a aquellas victimas a las
cuales hemos echado al olvido, aquellas que no pueden contar su historia,
aquellas que hoy al leer estas palabras saben y comprenden que lo mejor
que podemos hacer es luchar, defendernos, empoderarnos y decirles basta.
¿Pero cómo pedirte que sigas luchando? Con que atrevimiento me paro
frente de una víctima y le pido que no abandone su trabajo, como hacerlo si
soy consciente que duelen las entrañas y deja secuelas terribles.
…te lo pido de la misma manera que me lo hubiera pedido ella, te lo pido
con el corazón en la mano, no dejes de luchar, a pesar de semejante dolor
volvería a elegir esta lucha, muchas detrás de tuyo te necesitan, para mí y
para muchas sos importante, no estás sola, en esta estamos juntas..